domingo, 24 de enero de 2010

La pareja animal




-Hola, buenas tardes,- dije.
-Buenas tardes señorita, sabe usted ¿Porqué la llamamos?,- me dijo la doctora.
-Por las marcas de mi cara, supongo,- le dije.
-Si, si, vamos al punto, eso me gusta,- dijo la doctora mientras anotaba en su libreta. Hizo una pausa grande,- podría proceder y contarme, ¿qué fue lo que le paso?; usted sabe que aquí en la compañía, la presentación es importante, recibiremos visitas pronto, importantes, y ya que es usted encargada del laboratorio 11-C…
-Está bien, entiendo,- la interrumpí y respire hondo,- si le cuento, ¿Me puedo ir?¿Podría continuar con mis investigaciones?
-Espero no quitarle más tiempo, pero ¿Adondé se fue a meter? ¿Por qué tiene toda la cara razgada?,- dijo la doctora despectivamente. Y si, al tocarme la cara, sentí las cicatrices, llamativas.
-Mire no quiero que se preocupen, las heridas sanarán pronto, antes de que los doctores nos visiten,- dije y trague saliva,- si quiere saber, fue teniendo relaciones sexuales.
-¿Con quién?,- me dijo sorprendida mientras apuntaba todo rápidamente.
-Con mi pareja, con la que vivo. Ja, ja, ja, siempre intentamos que no sea notorio, pero tiene que entender, era nuestro aniversario.
-Pero ¿Cómo pudo su pareja hacerle esto? Señorita, ¿me está engañando? ¿Con que le hizo esas marcas su pareja?
-Unas con los dientes, otras con la garr.. digo uñas,- dije mientras me sonrojaba.
-¿Y usted lo acepta? ¿Por qué se deja lastimar de esa forma? Y aparte de todo, esta tan tranquila. Señorita este tipo de comportamientos no es natural, así que si no resolvemos esto ahorita, tendré que hablarle de usted al departamento psicológico para que le hagan unas pruebas y saber si es apta para trabajar aquí,- me dijo la doctora, estaba roja de enojo, piensa que le miento.
-Pues ya hice las pruebas, y las pase, ya le dije que mis heridas van a sanar pronto, fui sincera, ¿Qué más quiere? Esta es mi naturaleza, no me dejo lastimar, solo que cuando Arnoldo y yo tenemos relaciones nos convertimos.
-Ja, ja, ¿en que se convierten?
-Pues la primera vez, no sabíamos que éramos, nunca nos había pasado eso con otras parejas. Simplemente empezamos a excitarnos y nos volvemos locos. Nos gusta, nos encanta, realmente no veo que haya algo malo en eso, si disculpe, se propaso, más con la del párpado ¿no?
-Señorita más que por mí, hágalo por usted, ¿quiere estar llena de cicatrices? Solo porque a su pareja le gusta, usted no se debe dejar lastimar.
-Si viera, creo que mi piel es muy buena cicatrizando, porque me ha hecho cosas realmente profundas, y no, no me queda cicatriz. Supongo que esto de volverse animal a la hora del acto, también hace que cicatrice rápido.
-¿Volverse animal? Bueno, señorita, esto que me dice, no la está ayudando en nada…
-¿Sabe qué? ya estoy harta, ya le conté, fui muy sincera, le digo la verdad. Mejor le hubiera dicho que me asaltaron y ya, pero no, soy decente, lo único que pasa, es que usted no conoce, lo que él y yo hemos compartido, lo que he experimentado, es más valioso que cualquier cosa, ¿Quién tiene la dicha de presumir que literalmente es un animal en la cama? Y mejor aún, encontré a alguien que se vuelva animal conmigo.
-Realmente creo que usted tiene problemas…
Salí de ahí, furiosa, tengo una cita con el departamento de psicología el lunes, que fastidio, todo por mentes cerradas.
Al llegar a casa, mi hombre ya me estaba esperando.
-Ya vine,- le dije, mientras me acercaba a él y le daba un beso.
-¿Qué tal te fue?,- me respondió, mientras me ayudaba a quitarme la ropa.
-Pues, ahora si te pasaste, la del ojo los impresionó mucho, me quieren ver el lunes,- le dije mientras me reía recordando la velada.
-Bueno, espero que se nos ocurra algo.


Empezó a besarme, y sentí que venía, el animal la bestia. Lo besé más y al ver sus ojos excitados, comprendí que faltaba una mirada más para convertirnos. Y así fue, sus uñas comenzaron a crecer, se volvieron garras. Yo me empezaba a encorvar, mis dientes crecían, sentía el placer más grande por la transformación, sí, en este cuerpo, todo es placentero.


De repente nos vimos, éramos esos animales, esas bestias, excitadas, jadeantes. Su cuerpo rebosaba en grandeza, la baba escurría de mi lengua larga.
Aún no se que somos, pero no importa, a él le gustan mis garras, es lo único que importa.


-Grr… grr…grr…,- me decía mientras me besaba. Y lo pensé una vez más, aunque nadie lo entienda, ¿Qué se le va a hacer? ¿Dejarlo pasar?


Apagué la luz.